Despilfarro permanente

La milonga de que la corrupción en España se reduce al 3% o a Pujol (o Puyol, según la palurda pronunciación de quienes implican al futbolista del Barça) ha sido inoculada de manera tan persistente como eficaz en canales de televisión, emisoras de radio, periódicos en papel y medios digitales de tal manera que millones de personas en Albacete, Valladolid, Logroño o Plasencia están convencidas de esta teoría y la defenderían como dogma de fe o verdad como puño a la categoría de la Constitución o indivisible unidad de la nación española.

Pero la realidad es diametralmente opuesta: no sólo porque Villarejo admitió que el CNI ocultó las cuentas del expresident para no perjudicar al rey Juan Carlos en el marco de las cloacas de Estado, sino porque tal y como demostró Público el PP monopoliza el 86% de la corrupción en España con 60 casos, unos mil imputados y un coste de 122.000 millones de euros. Además, no hay que olvidar que la corrupción no solamente consiste en robo, fraude o malversación de dinero público, sino también en despilfarro en inversiones ruinosas, innecesarias o fruto del vasallaje al neoliberalismo: desde los 65.000 millones destinados a salvar la banca hasta los casi 9.000 millones en el triple fracaso olímpico de la candidatura de Madrid, pasando por los 5.000 millones del rescate a las autopistas radiales de la capital, la asignación anual a la monarquía o infraestructuras como Terra Mítica o el aeropuerto vacío de Castellón entre otras muchas, además del agujero negro del ejército con billones y billones gastados (en algunos casos en vehículos que no funcionaban). Sólo hace falta sumar y comparar para cambiar de opinión. Pero hay que atreverse a desafiar lo que uno tiene asumido.

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