El rey demérito

Mientras la población languidece, entre los muertos, el personal sanitario exhausto, la resignación de los confinados y la de los que tienen a acudir por fuerza a su trabajo, el coronavirus letal e incurable de la monarquía. El rey emérito cobró una donación de 100 millones de euros de Arabia Saudí, después de blanquear un régimen al que vende armas. La enésima prueba de la corrupción e inutilidad de una institución machista, clasista, vaga que fue impuesta a dedo por una dictadura todavía impune. El episodio oscuro de la muerte de su hermano vendida como accidente, la caza de elefantes, las comisiones del petróleo o de las obras del AVE a La Meca, la más que probable participación en el golpe de Estado del 23-F (detallada en «El libro negro del ejército español» de Luis Gonzalo Segura), la alta asignación anual establecida en los presupuestos en una Constitución diseñada para impedir su reforma y el reciente capricho de un nuevo coche por valor de 454.000 euros (todo edulcorado por el servil papel couché) deberían ser motivos suficientes para indignar la ciudadanía y movilizarla. La Tercera República debe pasar de consultas a las puertas de las universidades a un referéndum vinculante.

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