Los que apestan

En esta vida hay másters, maestros, un mester de clerecía y otro de juglaría, muchos menesteres y un tal Maestre que en medio de la tormenta de víctimas y gestión incompetente de la coalición progresista publicó el artículo «La otra peste» en el diario.es. Una desesperada cortina de humo y una búsqueda de chivo expiatorio para desviar la atención ante un cóctel letal de retraso, negligencia, menosprecio de las opiniones de expertos médicos, falta de planificación, medidas económicas incompletas para no molestar al IBEX-35 y, especialmente, la cerrazón centralista-jacobina de no aislar la capital del reino, principal foco de infección. Los remedios son peores que la enfermedad porque no la curan: militarización, recentralización de competencias y propaganda unionista bajo el lema «lo paramos unidos», cuando la base de la prevención es mantener una distancia de seguridad. Tan indigno, hipócrita y cínica es el hashtag #Pedrosepulturero como hacerse el sueco e ignorar que la relación entre la actuación del gobierno central y los infectados/muertos es de causalidad y no de casualidad.

Acostumbrados ya a las comparaciones con el nazismo por parte de políticos, periodistas y cargos militares, ahora se añade el símil miserable con Ratko Mladic (apodado «El carnicero de Bosnia») en el marco de las guerra de los Balcanes, que provocó unos 100.000 muertos más unos dos millones de refugiados y múltiples violaciones de derechos humanos. Osarse siquiera a establecer una mínima vinculación entre Puigdemont, Torra u otros líderes de partidos independentistas con este militar acusado de crímenes de guerra y genocidio por el Tribunal Penal Internacional es, sencillamente, una aberración de alguien con heces y pus en su masa encefálica y un alma podrida. Odia quien teme, envidia o está acomplejado: que cada uno escoja su casuística. Una comparación de este calibre sonrojaría a cualquier país con un mínimo de tradición y cultura democráticas pero no es el caso de España. Acusar a los votantes independentistas de los políticos que lo son (o que dicen serlo) es como acusar a los votantes socialistas de los años 80 de complicidad con el terrorismo de Estado por los GAL: una locura que no puede sostenerse de ninguna forma. Y vincular independentismo con la peste negra, que se estima que causó unos 25 millones de muertos en el siglo XIV, sólo puede obedecer a algún trastorno grave. O a mera inhumanidad.

Cegado como los burros de la feria que solo pueden mirar adelante, en este artículo se coge con pinzas el lema ‘Espanya ens roba’ que inventó un exvocal del CGPJ y exconvergente convertido en unionista (erróneo en la forma pero cierto en el contenido, debería ser «El Estado espanyol ens roba» ya que en 2017 Hacienda elevó el déficit fiscal de Catalunya a 9.900 millones) junto a un tuit de Ponsatí adecuadamente tergiversado por la caverna mediática: «De Madrid al cielo» es una expresión que pueden leer los conductores que acceden a Madrid por la M-30 al pasar por debajo del puente peatonal que une el Parque de Roma con Moratalaz y que significa «como en la capital no se está en ningún sitio». Coge el todo por la parte (el recursos literario de la metonimia) y en concreto se refiere a «una parte del independentismo». Menos mal que no a todo, muchas gracias, ¿pero realmente con cuatro tuits puede dictaminar el sentir de toda una ideología? ¿Cuántos independentistas habrá conocido el señor Maestre en toda su vida? A lo sumo, 100. Nula base científica, 0 credibilidad y criminalización superficial sin profundización, ni contexto, ni perspectiva ecuánime o rigurosa. Pero ya sabemos que es más fácil refugiarse en la comodidad y cobardía del prejuicio que atreverse a comprobar si coincide con la realidad. Por cierto, de las numerosas irregularidades de la farsa del juicio al procés (como señaló Luigi Ferrajoli, uno de los penalistas más importantes del mundo) así como sus escandalosas penas de cárcel a los presos políticos (considerados como tales por el magistrado emérito del Supremo Martín Pallín) no se tiene constancia que Maestre haya escrito un tuit o un artículo de denuncia.

Se podría hacer una enciclopedia por fascículos de los insultos, amenazas y descalificaciones que ha recibido el independentismo, desde «separratas» hasta «lazis», pasando por el deseo público de Losantos de bombardear Catalunya o la advertencia que lanzó Rafa Hernando a Puigdemont de terminar como Companys, es decir, fusilado tras juicio sin garantías. No consta que entonces Maestre hiciera tuits de indignación ante semejantes barbaridades o escribiera algún artículo calificando de apestados a los autores de esas frases. Quien calla, otorga, igual que han callado otros ilustres tuiteros de la pseudoprogresía española empezando por el responsable en redes de la principal asociación de consumidores del país hasta teóricos comunistas o docentes historiadores que prefieren Cruzcampo a Coca-Cola.

El subconsciente le juega una mala pasada porque sólo alguien que comparta esa ideología supremacista, xenófoba e intolerante puede hablar de ella en primera persona con precisión de cirujano: sustituyendo «nacionalismo catalán» por «nacionalismo español» la pieza se convierte en sublime. Pero él juega al principio de transposición de Goebbels, es decir, cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Porque es nacionalista español de izquierdas, pero nacionalista español. De esos autoconsiderados no-nacionalistas del Free Tibet y Sáhara libre que apoyan la autodeterminación de todos los pueblos excepto del catalán.

Ya lo dijo Pla: no hay nada que se parezca más a un español de derechas que un español de izquierdas. De hecho, la distancia ideológica entre esta pseudoprogresía y la derecha es la misma que hay entre la Cope y la SER, entre El País y El Mundo, entre madridistas y colchoneros (los ultras de ambos clubes coinciden en franquismo) y la misma que existe entre Maestre e Inda y Marhuenda en el plató de La Sexta Noche. Imperceptible, especialmente desde que surgió el movimiento independentista al que atribuye el falso mantra (dogma de fe o verdad como puño) de un fenómeno burgués o de clase alta que rápidamente queda desmentido repasando resultados electorales recientes en la ciudad de Barcelona: PP, C’s y Vox en los barrios altos, igual que las empresas de alta alcurnia que a raíz del 1-O cambiaron su sede social a Madrid, gracias a un decreto exprés del gobierno alentado por la monarquía tras el discurso hooligan del hijo del monarca impuesto a dedo por la dictadura impune. Todo el antifranquismo de Maestre se reduce a escribir un libro temático porque se mueve como pez en el agua en el régimen del 78 compartiendo antiindependentismo (excusa bajo la que se oculta la crónica catalanofobia) con la derecha de la que se considera lejos. Si le quitan eso, le desmantelan el circo. En su defensa dirá que su mérito consiste en desatar tanta iras en un sector ideológico como en el contrario pero de esta condición sí puede presumir José María García y Maestre está a años luz del «butanito». Lo suyo más bien es dar palos de ciego e ir sembrando viento por doquier.

La estrategia es vieja pero siempre funciona: a partir de su fobia se trata de deshumanizar al adversario político, contra el que entonces todo vale en una barra libre en la que las asociaciones entre independentismo y nazismo siempre cotizan al alza para mantenerse en primera parrilla mediática. Cualquier frase o palabra se manipula acorde al prejuicio establecido en una condena de antemano en la que los roles de acusador y acusado están prefijados. Desde la burbuja paralela de la capital se normaliza un discurso que en estos días ha tenido continuidad con acusaciones de insolidario y supremacista y una viñeta mezquina de El Español en la que Torra sujeta a Pedro Sánchez. Todo por la imperiosa necesidad de culpar a alguien, a los de siempre… para esquivar la autocrítica y evitar reconocer la realidad inminente: que el confinamiento deberá ser del 100% tal y como solicitó Torra y no se le hizo caso. Mientras tanto, Soto Ivars indignado porque el president difundiera en medios internacionales la negativa del gobierno central a aislar Catalunya y Guillem Martínez hablando de «bancarrota ética» asociada a las mentiras de Aznar y el PP con los atentados del 11-M. Pura indigencia intelectual y miseria moral.

Pero Maestre no rectificará porque sus antecedentes no invitan precisamente a ello: ni en la disputa con la exdiputada Mireia Boya sobre sus negocios turísticos familiares en la que fue progresivamente quedando en ridículo, ni la infame equiparación entre Vox y CUP, ni en el tuit infantiloide-casposo made in Arévalo que publicó el 25 de febrero asegurando que era «más probable morir atropellado porque la mascarilla para protegerte del coronavirus se mueva y te tape los ojos que por el propio virus», ni su condena a los CDR pese a que la causa por terrorismo se ha archivado porque no se han encontrado armas ni ha se han producido atentados, ni su reciente polémica sobre Miguel Lacambra y el posterior tuit en el que se acordaba de las madres de quienes le criticaban. Tampoco corregirá el bulo que esparció sobre el sueldo del personal contratado de enfermería en la UCI de Madrid (es un plus que se añade al salario base) porque rectificar es de sabios y él antepone la chulaponería del machirulo pontificador de izquierdas. Eso sí, en pro de la coalición progresista y revolucionaria que traerá la Tercera República a cambio de las migajas de algunos ministerios, Maestre se va tragando sapos junto a la masa acrítica de fanboys de la formación morada: desde la negativa a hacer pública la hoja de servicios del torturador franquista Billy El Niño hasta la regulación laxa de la publicidad de las casas de apuestas (se permitirá en los partidos de fútbol), pasando por el aplauso a las devoluciones en caliente del TEDH, el aumento en un 30% de la altura de las vallas en Ceuta y Melilla, la no derogación de la ley mordaza ni de la reforma laboral, la negativa a la comisión de investigación de los negocios de la monarquía o la no aprobación del final de los despidos por bajas justificadas, ya que en realidad lo que se aumenta es la indemnización de 20 a 33 días por año trabajado (el empresario sólo tendrá que pagar un poco más).

Mientras él porfía en su paranoia, la única realidad es que desgraciadamente día a día crece la cifra de infectados y víctimas mortales e incluso hay previsiones que apuntan a 56.000 y otras todavía más pesimistas a casi 100.000. Y el máximo responsable es un gobierno central que todavía no ha aislado totalmente a Madrid y en el que incluso el asesor de su ministro de Sanidad admite públicamente que no entiende qué ha hecho Alemania para gestionar con eficacia la crisis.

Para concluir, algunos fragmentos lúcidos de una entrevista de 2008 a Juan Carlos Moreno Cabrera, catedrático de lingüística con más de treinta años de experiencia en la materia, una decena de libros publicados y tan madrileño como Maestre pero que no verán nunca en los medios habituales porque su visión es radicalmente opuesta a la oficial.

Antonio, ya hace demasiado tiempo que te rebozas y revolcas en el fango y puedes acabar como Javier Negre. Por la salubridad ajena y por tu propia higiene, recapacita y toma medidas porque apestas y vas camino de pudrirte por dentro.

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