«Unga, grande y esclava»

La aparición del coronavirus ha revelado la incompetencia de un gobierno teóricamente progresista, que está dejando morir gente

La brusca irrupción del coronavirus ha dejado en evidencia la incompetencia e ignorancia del gobierno español en un país acostumbrado a reaccionar a posteriori y a criminalizar la consecuencia sin juzgar la causa. La frase del principal asesor del Ministerio de Sanidad admitiendo que no saben por qué un país como Alemania con una cifra similar de infectados haya tenido, en comparación, tan pocas víctimas mortales es tan reveladora como inquietante. Como telón de fondo, 2.ooo policías que han vuelto a casa con síntomas, un alto mando militar arengando para que todos seamos «soldados contra esta guerra» y el empecinamiento rojigualdo y centralista de no querer cerrar Madrid a cal  y canto y de no permitir que Torra lo haga en Catalunya. Santiago y cierra España.

Lo ingenuo, lo alucinante o lo masoquista era pensar que gestionaría bien la crisis el partido que fundó el GAL, el que se niega a investigar los negocios de la monarquía y a hacer pública la hoja de servicios del torturador franquista Billy El Niño, el que se negó a investigar la más que probable participación del Estado en los atentados yihadistas en Barcelona en 2017, el que ha decidido elevar un 30% las vallas en Ceuta, ha recurrido la indemnización a la familia del fotoperiodista José Couso así como también el procesamiento de los guardia civiles que mataron a 15 inmigrantes en El Tarajal.

La coalición presuntamente progresista PSOE-Podemos está jugando con la salud de millones de personas y la gente va muriendo, entre personal sanitario al límite del estrés y ancianos a los que se deja abandonados a su suerte por falta de infraestructuras. Enfrente, esperan sacar rédito político quienes le dejaron una infausta herencia en forma de recortes y desmantelamiento de la sanidad pública con hospitales vacíos cedidos a fondos buitre, los carroñeros de la pésima gestión del Yak-42, la mentira del 11-M, el accidente de tren de Galicia, del de metro en Valencia o del Prestige. Es el terrorismo de Estado, lo practiquen unos u otros, el partido heredero del franquismo o la cara amable del régimen del 78 fundado sobre la impunidad de la dictadura y que se mantiene vigente erguido sobre sus vigas aluminósicas. Mientras tanto, el escándalo de la donación de Arabia Saudí a Juan Carlos y el discurso estéril de su hijo, que ya ejerció de hooligan el 3 de octubre de 2017.  Unga, grande y esclava de sus prejuicios e incultura. Lo único decente y democrático es querer irse de este Estado.

 

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